Es mejor enviar el mensaje INCORRECTO que pasar años preparando el 'correcto'
Hay una forma de procrastinación que casi nadie reconoce como procrastinación.
No es ver Netflix en lugar de trabajar. No es revisar Instagram cuando deberías estar haciendo otra cosa.
Es prepararse.
Prepararse demasiado. Perfeccionar demasiado. Planear demasiado. Todo antes de hacer lo único que realmente genera ventas: hablar con personas.
Le pasa al emprendedor que sabe que tiene que escribirle a alguien. El siguiente paso está clarísimo. Pero antes de enviar el mensaje aparece la parálisis. Empieza a reescribirlo, a cambiar palabras, a ajustar el tono, a imaginar cómo va a responder la otra persona.
Y pasan días. A veces semanas. Sin enviar nada.
Le pasa al freelancer que lleva meses construyendo su portafolio antes de mostrárselo a alguien. Siempre falta un proyecto más, un mejor ejemplo, una foto más bonita.
Le pasa al que quiere ir a un evento a conocer clientes potenciales pero primero quiere tener su propuesta más clara, su precio más definido, su oferta más pulida.
Le pasa al que graba videos para sus redes pero nunca los publica porque todavía no está satisfecho con la calidad.
En todos los casos la historia es la misma: la acción que genera ventas se pospone indefinidamente mientras se perfecciona algo que todavía no ha tocado el mercado.
Y aquí está el problema de fondo.
El mensaje correcto no lo defines tú. Lo define la RESPUESTA de las personas. El portafolio correcto no es el más bonito, es el que convence a alguien de contratarte. La propuesta correcta no es la más elaborada, es la que el cliente entiende y está dispuesto a pagar.
Nada de eso se descubre preparando.
Se descubre actuando.
Es como intentar perfeccionar una llave antes de saber siquiera si abre la puerta correcta.
Casi siempre el miedo real no es estar mal preparado. Es exponerse.
Porque actuar implica la posibilidad de ser ignorado, recibir un no, descubrir que la oferta no interesa tanto como uno imaginaba.
Entonces el cerebro hace algo muy inteligente: te convence de que todavía falta preparar un poco más.
Y así pasan los meses.
Lo que realmente genera ventas no es tener el mensaje perfecto, el portafolio perfecto ni la propuesta perfecta.
Es la cantidad de conversaciones reales que tienes con personas que podrían necesitar lo que ofreces.
Porque si envías el mensaje incorrecto y alguien responde, ya tienes información para mejorarlo. Si vas al evento sin la propuesta perfecta y alguien se interesa, ya tienes un prospecto. Si publicas el video imperfecto y alguien lo ve y te escribe, ya tienes una conversación.
Y si dicen que no, también ganaste. Porque ahora sabes que eso no funciona y puedes dejar de invertir tiempo perfeccionándolo. En lugar de pasar semanas mejorando algo que el mercado ya te dijo que no le interesa, puedes dedicar ese tiempo a encontrar lo que sí funciona.
Como lo dije en mi nota sobre la pregunta con la que inicia todo negocio, si te dicen NO, entonces preguntas: ¿qué problema sí tienes en esta misma dirección que yo podría ayudarte a resolver? ¿Qué problema sí te duele de verdad que yo podría ayudarte a resolver?
En todos los casos ganaste algo.
Pero si no envías nada, no vas a ningún lado y no publicas nada, solo tienes un proceso muy bien preparado que nadie ha visto.
La mayoría de emprendedores cree que necesita más preparación.
Pero casi siempre lo que necesita es más conversaciones.
Porque nada mejora en el escritorio.
Todo mejora después de tocar el mercado.