Notas

"Debo encontrar mi diferenciador" casi siempre es una excusa

Tu diferenciador normalmente lo descubren tus clientes. No tú.

Uno de los consejos que más escucho en emprendimiento es este: tienes que diferenciarte. Innova. Sé único. Haz algo que nadie esté haciendo.

Y honestamente, creo que eso solo te hace perder tiempo. Y mucha gente se obsesiona con eso demasiado temprano.

Mi forma de verlo es esta: es mucho más fácil vender en una fila donde ya hay personas esperando que intentar crear una fila nueva desde cero.

Cuando ya existe demanda, el problema ya existe, la gente ya quiere resolverlo y el mercado ya está validado. No tienes que convencer a nadie de que necesita algo. Solo tienes que aparecer y resolverlo bien.

Piénsalo así.

En Bogotá hay cientos de peluquerías. Abrir una peluquería más no es innovar. Pero si hay un barrio donde la más cercana queda a cuarenta minutos, abrir una ahí no requiere ninguna innovación. Solo requiere estar donde está la demanda.

Lo mismo con un contador. No necesitas inventar una forma revolucionaria de hacer declaraciones de renta. Necesitas encontrar un grupo de personas que te conozcan y que te necesiten, atenderlas bien y cobrar un precio justo. Eso ya es un negocio.

O un servicio de domicilios de comida casera en un conjunto residencial donde nadie lo ofrece todavía. No hay nada nuevo en cocinar y entregar comida. Pero si la demanda existe y nadie la está cubriendo, ahí hay un negocio.

Innovar demasiado temprano muchas veces es apostar a crear una fila donde todavía no hay nadie. Puede funcionar. Pero es mucho más difícil y mucho más arriesgado que entrar donde ya hay demanda probada.

Y aquí está el problema con la obsesión por diferenciarse: la mayoría quiere encontrar su "diferencial" antes de tener clientes, antes de conocer el mercado, antes de entender a la competencia, antes de haber trabajado con personas reales.

¿Cómo se supone que alguien va a descubrir qué lo hace diferente si todavía no ha trabajado con nadie?

Tu diferencial no aparece sentado pensando. Aparece trabajando. Hablando con clientes. Entendiendo qué valoran de ti.

Hay una pregunta que casi nadie hace y que vale más que cualquier ejercicio de posicionamiento:

¿Por qué decidiste trabajar conmigo?

Las respuestas empiezan a mostrar patrones:

"Me gustó cómo explicabas las cosas."

"Respondías rápido y eso me dio confianza."

"Entendías mi problema mejor que los otros."

"Eras más claro con los resultados."

"Sentí que te importaba el negocio, no solo el proyecto."

Y poco a poco empiezas a descubrir qué te diferencia realmente. No desde tu ego, sino desde la experiencia de las personas que ya confiaron en ti.

Y hay algo más que vale la pena notar: las palabras que usan tus clientes para describirte son las palabras que deberías repetir en tu marketing. Porque ahí está el lenguaje real del mercado. No el tuyo. El de ellos. Y ese lenguaje conecta mucho mejor con las personas que todavía no te conocen porque habla exactamente como hablan ellas.

La mayoría intenta inventar un diferencial desde el escritorio.

Pero muchas veces el mercado ya tiene demanda suficiente. Lo difícil no es ser completamente distinto. Lo difícil es entender qué valoran realmente las personas y hacerlo consistentemente bien.

Eso, con el tiempo, se convierte en tu diferenciador.

Volver a todas las notas